En la madrugada del 15 de febrero pasado, regresando de festejar San Valentín con su pareja y padre de su hijita de dos años, ya en la casa donde ambos convivían, con una amiga como testigo, Reyna Nivar de 22 años, fue asesinada por Franklin Caraballo.
El feminicida, después de acuchillar de varias estocadas a su compañera, cerró la puerta de la casa para que la amiga, testigo del crimen, no pudiera buscar auxilio rápido. Caraballo, salió despavorido, en ropa interior y ensangrentado, huyendo de la escena del crimen, sin que se sepa de él hasta el día de hoy.
Sin reponerse de la pérdida, Kenia Neris, madre de Reyna, los hermanos y el abuelo, lamentan la impunidad en que ha quedado este crimen, sin resolver a cuatro meses de haber sucedido, en la desesperanza que se profundiza cuando no hay respuesta alguna al dolor que provoca la pérdida de un ser querido en estas circunstancias.
Porque Reyna, a sus 22 años, con una hijita de 2, tenía un mundo lleno de proyectos y de vida, es seguro. Lo primero, ver crecer a su niña, una apuesta sin sombra por su juventud saludable y otros planes que motivaban su esfuerzo. Su trabajo como bartender en una discoteca de Villa Altagracia, la mantuvieron en riesgo permanente, porque Franklin Caraballo, machista violento y celoso reincidente, la golpeaba con frecuencia, al punto de que en varias ocasiones debió huir por sus agresiones.
Muchas veces se ha explicado la inercia de las víctimas frente a la violencia de las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Una sucesión de mitos las encadenan, junto al miedo y las amenazas que acompañan a los maltratos y la culpa permanente por no poder ser la mujer modélica que promueve la cultura, obediente, sumisa, entregada. El temor de no volver ¨derrotada¨ a su casa materna, la pobreza afectiva y de dinero, y otras creencias inculcadas, seguramente fue la compleja combinación que presionó a Reyna a permanecer en una relación violenta, como muchas de las mujeres que terminan asesinadas por sus verdugos.
Quizás eso se entienda. Lo difícil de comprender es la impunidad de este crimen. No cabe duda que el asesino en su aparatosa huida, lleno de sangre y en paños menores, consiguió la complicidad de alguna persona y en el tiempo, la copartícipe pasividad e inacción de la justicia.
Franklin Caraballo es oriundo de La Romana, está suelto y listo para seguir matando. Es un feminicida apoyado por el sistema deficiente.
SusiPola@gmail.com
Soy Migrante y me duele
Por Susi Pola
Siempre fui migrante, desde muy pequeña. En 1951, mi
padre y mi madre, junto a mi hermana mayor, 8 años entonces, y yo de 5 años,
emigramos desde Asturias hasta la Patagonia Argentina. Fue época de desplazamientos
humanos, como le llaman ahora, empujados por la posguerra europea, las
calamidades y pobreza que dejó tras de sí.
Salimos de España, del puerto de Barcelona el 28 de
agosto y llegamos el 14 de septiembre de 1951 al puerto de Buenos Aires. Un
viaje imborrable determinando el fin de una época y comienzo de otra para
nuestra familia que se asentó definitivamente en la ciudad patagónica de
Comodoro Rivadavia, en el centro del Golfo San Jorge, donde transcurrió mi niñez
y adolescencia.
Recuerdo los afanes de mi padre y mi madre por la
cantidad de trámites a llenar y aún conservo fotos oficiales familiares y
formularios llenados en aquella época. Cuando salí de Argentina, a los 18 años,
para ir a Canadá a estudiar, tuve que desandar algunos pasos y recuperar mis
papeles de entrada en una oficina del puerto de Buenos Aires, donde me
devolvieron formularos legalizados en 1951. Mi padre y mi madre, ambos
fallecieron en 1996 en Argentina, siendo inmigrantes. Mi hermana es argentina nacionalizada
argentina y tenemos un hermano que nació en la Patagonia y es argentino, amos,
tienen una gran familia nacida en allí.
En estos día, a partir de la puesta en marcha del Plan
de Regularización de extranjeros y extranjeras en R. Dominicana, he revivido la
odisea de nuestra familia, comparando situaciones con las personas de origen
haitiano en este proceso. En primer lugar, nuestra familia tuvo la ventaja de
que existían protocolos y leyes reguladoras que hicieron la tarea a mi padre y
mi madre, mucho más fácil, aunque tortuosa, un gran punto a favor, porque en R.
Dominicana, hasta 2010, no hubo ninguna regla establecida para las personas de
origen haitiano que venían a nuestro país, al contrario, eran requeridas como
fuerza de trabajo, primero para cortar la caña y luego para otras labores
agrícolas y en la construcción, sin que a las autoridades les molestara.
En el caso de otras nacionalidades, si se aplicaban
con mayor o menor rigor, trámites migratorios. Yo llegué al país casada con un
dominicano, en 1970, y me nacionalicé dominicana en 1981, hasta entonces, debí
presentarme anualmente en Migración y pagar los impuestos que se requerían para
estar legal, a cambio de lo cual, mantenía una cédula de identidad para esos
fines.
Esta ausencia de reglas migratorias para personas nacionales
haitianos, permitió que grandes grupos de esa nacionalidad se asentara en el
país en el tiempo, sin tener documentos ni de su país, Haití y mucho menos de
la R. Dominicana, lo que no fue un obstáculo para que se desarrollaran aquí. La
frontera domínico haitiana, era un paso relajado y fácil de traspasar, y la
corrupción domínico haitiana, hacía el resto!
A raíz del terremoto de 2010 en Haití, el flujo de
nacionales de ese país hacia el nuestro, ha sido más grande y constante, algo
razonable si tenemos en cuenta que somos una isla con dos países de diferentes cultura
y niveles de pobreza, porque ambos somos países pobres, amarrados en una
espacio que flota en el mar.
Para 2013, se aprobó un Plan Nacional de
Regularización de personas extrajeras en situación migratoria irregular, ordenado
por la controversial sentencia del Tribunal Constitucional TC/0168/13, dictada
en fecha 23 de septiembre de 2013.
La decisión de regularizar la migración, es una acción
necesaria que debió haberse hecho hace muchísimos años, los países limítrofes
deben tener reglas para la migración de sus nacionales entre sí, y también con
los que están más lejanos. Sin embargo, el gran error que desató una cadena de
injusticias, es el haber retrotraído los efectos de la ley, a 1929, con lo que
se desnacionalizó a un número considerable de dominicanos y dominicanas de
origen haitiano, personas que nacieron en suelo dominicano, incluso, y no
conocen otra realidad que la vivida en este suelo.
R. Dominicana abrió el Plan de Regularización de extranjeros
y extranjeras, empezando de manera controversial, sin tener en cuenta como
punto de partida la Constitución de 2010, a partir de la cual solo son dominicanas y dominicanos: 1) Los hijos e hijas de
madre o padre dominicanos; 2) Quienes gocen de la nacionalidad dominicana antes
de la entrada en vigencia de esta Constitución; 3) Las personas nacidas en
territorio nacional, con excepción de los hijos e hijas de extranjeros miembros
de legaciones diplomáticas y consulares, de extranjeros que se hallen en
tránsito o residan ilegalmente en territorio dominicano. Las autoridades
aplicaron la ley retroactivamente, yéndose al año 2029.
Puedo de imaginar si tal situación se aplicara en la
R. Argentina, por ir al ejemplo de mi propia familia, y a mi hermana y a mi
hermano los desnacionalizaran porque, con mis padres, llegamos después de 1929.
Un disparate que impactaría a toda la familia que nació, en suelo argentino,
después de nuestra llegada en 1951 y dejara como apátridas a unos cuantos de
ellos y ellas.
Esa es la tragedia humanitaria que estamos
presenciando con dolor, dominicanos y dominicanas hoy, historias muy tristes de
migrantes haitianos y también, nacidos aquí, otros, llegados al país cuando
eran pequeños, gente que no conoce ni siquiera a Haití, porque han vivido
siempre aquí! El desarraigo es doloroso, aunque sea voluntario!
Reyna Nivar: impune
(Comparto mi artículo de hoy en El Nacional)
En la madrugada del 15 de febrero pasado, regresando de festejar San Valentín con su pareja y padre de su hijita de dos años, ya en la casa donde ambos convivían, con una amiga como testigo, Reyna Nivar de 22 años, fue asesinada por Franklin Caraballo.
El feminicida, después de acuchillar de varias estocadas a su compañera, cerró la puerta de la casa para que la amiga, testigo del crimen, no pudiera buscar auxilio rápido. Caraballo, salió despavorido, en ropa interior y ensangrentado, huyendo de la escena del crimen, sin que se sepa de él hasta el día de hoy.
Sin reponerse de la pérdida, Kenia Neris, madre de Reyna, los hermanos y el abuelo, lamentan la impunidad en que ha quedado este crimen, sin resolver a cuatro meses de haber sucedido, en la desesperanza que se profundiza cuando no hay respuesta alguna al dolor que provoca la pérdida de un ser querido en estas circunstancias.
Porque Reyna, a sus 22 años, con una hijita de 2, tenía un mundo lleno de proyectos y de vida, es seguro. Lo primero, ver crecer a su niña, una apuesta sin sombra por su juventud saludable y otros planes que motivaban su esfuerzo. Su trabajo como bartender en una discoteca de Villa Altagracia, la mantuvieron en riesgo permanente, porque Franklin Caraballo, machista violento y celoso reincidente, la golpeaba con frecuencia, al punto de que en varias ocasiones debió huir por sus agresiones.
Muchas veces se ha explicado la inercia de las víctimas frente a la violencia de las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Una sucesión de mitos las encadenan, junto al miedo y las amenazas que acompañan a los maltratos y la culpa permanente por no poder ser la mujer modélica que promueve la cultura, obediente, sumisa, entregada. El temor de no volver ¨derrotada¨ a su casa materna, la pobreza afectiva y de dinero, y otras creencias inculcadas, seguramente fue la compleja combinación que presionó a Reyna a permanecer en una relación violenta, como muchas de las mujeres que terminan asesinadas por sus verdugos.
Quizás eso se entienda. Lo difícil de comprender es la impunidad de este crimen. No cabe duda que el asesino en su aparatosa huida, lleno de sangre y en paños menores, consiguió la complicidad de alguna persona y en el tiempo, la copartícipe pasividad e inacción de la justicia.
Franklin Caraballo es oriundo de La Romana, está suelto y listo para seguir matando. Es un feminicida apoyado por el sistema deficiente.
En la madrugada del 15 de febrero pasado, regresando de festejar San Valentín con su pareja y padre de su hijita de dos años, ya en la casa donde ambos convivían, con una amiga como testigo, Reyna Nivar de 22 años, fue asesinada por Franklin Caraballo.
El feminicida, después de acuchillar de varias estocadas a su compañera, cerró la puerta de la casa para que la amiga, testigo del crimen, no pudiera buscar auxilio rápido. Caraballo, salió despavorido, en ropa interior y ensangrentado, huyendo de la escena del crimen, sin que se sepa de él hasta el día de hoy.
Sin reponerse de la pérdida, Kenia Neris, madre de Reyna, los hermanos y el abuelo, lamentan la impunidad en que ha quedado este crimen, sin resolver a cuatro meses de haber sucedido, en la desesperanza que se profundiza cuando no hay respuesta alguna al dolor que provoca la pérdida de un ser querido en estas circunstancias.
Porque Reyna, a sus 22 años, con una hijita de 2, tenía un mundo lleno de proyectos y de vida, es seguro. Lo primero, ver crecer a su niña, una apuesta sin sombra por su juventud saludable y otros planes que motivaban su esfuerzo. Su trabajo como bartender en una discoteca de Villa Altagracia, la mantuvieron en riesgo permanente, porque Franklin Caraballo, machista violento y celoso reincidente, la golpeaba con frecuencia, al punto de que en varias ocasiones debió huir por sus agresiones.
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Quizás eso se entienda. Lo difícil de comprender es la impunidad de este crimen. No cabe duda que el asesino en su aparatosa huida, lleno de sangre y en paños menores, consiguió la complicidad de alguna persona y en el tiempo, la copartícipe pasividad e inacción de la justicia.
Franklin Caraballo es oriundo de La Romana, está suelto y listo para seguir matando. Es un feminicida apoyado por el sistema deficiente.
La parte humana ante
la regularización
Por .Ramón Antonio Veras.
1.- No se discute la naturaleza social del
fenómeno migratorio como consecuencia
del desarrollo desigual de dos países,
como tampoco se pone en entredicho el derecho soberano de cada Estado de
regular la presencia de extranjeros en su territorio.
2.- La parte social de la inmigración entraña, necesariamente, a seres humanos como
actores; de ahí que al momento de tomar cualquier medida relacionada con ella debe primar
el humanismo.
3.- Al parecer, entre los dominicanos se ha perdido el lado humano de ver las cosas. Se hace cuesta arriba creer que el
sentido caritativo que históricamente nos ha
caracterizado está desapareciendo al no actuar en forma compasiva, que estamos olvidando la sensatez, la generosidad
y lo agradable que hemos sido.
4.- No quisiera ni por asomo pensar que de nosotros se
está apoderando la parte fea de la especie humana, el egoísmo, la insensibilidad,
la dureza y lo desagradable. Sería muy
duro que predomine la miseria humana de la arrogancia, el orgullo
vano y la insolencia presuntuosa.
5.- Debo decir con toda franqueza que cada día
me siento más y más preocupado por el comportamiento de amplios grupos
humanos de mi país; por la forma como
reaccionan ante la desgracia y el pesar de los demás. No
podemos olvidar que el sentir solidario se manifiesta de distintas
maneras y su apreciación en contrario se expresa cuantas veces somos testigos de hechos que
afectan a otros y no los tomamos como nuestros.
6.- El estado de angustia que he visto en la cara de miles de inmigrantes haitianas y
haitianos que muestran dolor,
nerviosismo y tristeza por no haber podido registrarse dentro de las exigencias para la
regularización de extranjeros, en los
plazos establecidos, me ha hecho sentir
vivamente lesionado, golpeado como ser humano y como
dominicano; de mi se ha apoderado el
dolor, la impotencia y el desanimo; me
produjo indignación escuchar a una señora con lágrimas en sus ojos, y un niño de meses en sus brazos, desesperada porque
se sentía en la
obligación de abandonar su hogar y sus
ajuares.
7.- Lo que vi en la señora llorando, con su bebe
cargado y lamentándose por perder su techo y muebles, me hizo sentir que vivía
en un país de insensibles, soberbios, ufanos y petulantes; con condiciones para humillar, rebajar a los
más débiles, llevados a la impotencia por algunos de los
que aquí gozan vanagloriándose de cristianos y demócratas.
8.- La desesperación de los demás me hiere y empequeñece
como persona. No estoy formado para aceptar tranquilamente que el
ser humano sea anímicamente azotado, vapuleado, castigado por cuestiones que
tienen distintas soluciones legales, sociales y políticos.
9.- En los marcos de la complejidad que entraña el
asunto migratorio, por su carácter
social, hay que buscarle una salida armoniosa y comprensiva; rodeada siempre de
claridad y flexibilidad, en procura de que exista un equilibrio para no
lesionar los derechos de personas que, por necesidad económica, han abandonado su lar nativo en busca de una vida menos pesada en lo
material y espiritual.
10.- La ley ha de ser aplicada con sentido humano.
Compelir a que en estado de desesperación salgan del país aquellos que con su fuerza de trabajo han contribuido al desarrollo nacional, no
es justo; impulsar, constreñir, o de cualquier forma imponer una salida
angustiosa a los inmigrantes haitianos, nos hace ver como un pueblo que ha
perdido el juicio, la compostura civilizada, el sentido de la transigencia
digna y la tradición de pueblo hospitalario; de nación refugio de los desamparados, país
receptor de los desabrigados.
11.- Por muy difícil que se presenta la situación
económica y social nuestra, y por más
que nos podamos amparar en disposiciones constitucionales y legales, no podemos
perder la delicadeza como pueblo civilizado; la ternura, el miramiento total
hacia los demás; debemos caracterizarnos como personas exquisitas, con
miramientos; extraños a la indiferencia,
a la desatención, rudeza, vulgaridad y desconsideración.
Santiago de los Caballeros,
22 de junio de 2015.
Feminicidios: ¿Por qué?
Por
Susi Pola
Publicado en El Nacional, el martes 16 de junio
Con un subregistro oficial, tenemos la
percepción que aquí, aumentaron los feminicidios. Antes del triple crimen en
Moca, ya habíamos tenido una escalada en ascenso, hasta contar una muerta
diaria. No es una broma, dicen cada vez más personas, preguntándose porqué y
qué vamos a hacer.
Un crecimiento sostenido, comprobado
en los estudios realizados en el país, que atemoriza cada vez más. Hasta el año
2010, un 10 a 12% de los homicidios del país, eran feminicidios y a partir de
ese año, la cifra subió dramáticamente a 21.5%, manteniéndose con altas y bajas
mínimas, mal anotadas, porque no existe un sistema de registro confiable en R.
Dominicana.
Muchas respuestas indican que donde
hay crímenes contra las mujeres, en la vida social también hay otras formas de
violencia contra ellas, desde el Estado, la comunidad y la familia, con una
permanente señal de tolerancia de las autoridades y de las personas. Además,
aquí al igual que en otras realidades, ante la impotencia de vencer el crimen a
partir de las alertas del género disparadas y con altas cifras de feminicidios,
se determina maquillar u ocultar las cifras de mujeres asesinadas.
No registramos bien los indicadores de
violencia basada en el género, por lo tanto no sabemos, ni queremos saber para
crear políticas de prevención. Y no nos damos cuenta que la complejidad de
estas relaciones desiguales entre hombres y mujeres, nos compete a todo el
mundo. Por eso no vemos que la violencia contra las mujeres, impacta
absolutamente todos los subsistemas sociales, que es un grave fenómeno social.
También el porqué, refiere a la
discriminación acompañada de una desvalorización general de las mujeres. Y la
gente escucha y hace comentarios que la profundizan, sin oírlos ni razonarlos:
chistes, aceptación y justificación de las violencias ¨pequeñas¨, como órdenes,
control, pleitos ¨entre marido y mujer¨, estereotipos de actuaciones
¨femeninas¨ y excusa de las masculinas, el permiso a los hombres para ser
violentos, a través del ejercicio de la masculinidad violenta. En fin, un
cuadro bien complejo de convivencia en el que la violencia es constante y
unilateral del hombre a la mujer, que el machismo y la misoginia, instalados en
las instituciones, desvaloriza, confunde y esconde.
La mayor parte de estos crímenes,
cometidos por hombres comunes, conocidos de grados distintos: parientes,
compañeros de trabajo, parejas, ex parejas, vecinos, hasta padres y hermanos,
cuyas víctimas, en el proceso de las violencias que anteceden al
feminicidio, no fueron reconocidas como
tal y solo se las consideró ¨mujeres¨, simples ¨mujeres¨ perfiladas
peyorativamente.
susipola@gmail.com
Bueno! Animada por mi amiga querida, Mildred Mata, blogera con vocación, empiezo a meterme un poco en este mundo de los blogs! Tengo que agradecer especialmente a Carlos Sujo Sang Mata, mi asesor todo el tiempo y quien ha mantenido este blog desde que me apoyó para abrirlo y manejarlo! Gracias Carlos!
Moca, alarma y dolor
Por Susi Pola
(Publicado en El Nacional del martes 9 de junio)
Tomás
Rafael Sosa Rodríguez, dominicano de 52 años, que vivió 20 en Estados Unidos,
regresando al país con dinero acumulado y bien establecido en la comunidad de
Estancia Nueva, Moca, asesinó a su compañera de los últimos dos años, a una tía
y una prima de ella.
Las
víctimas, Andreína Espinal, pareja del feminicida,
María Espinal y Vanessa Espinal, tía y prima de ella, de 24, 43 y 25 años de
edad respectivamente, sucumbieron al triple feminicido, abatidas por varios impactos de bala realizados
por Sosa Rodríguez con una pistola calibre 9 milímetros que portaba con permiso
legal.
Andreina, objeto primero de la violencia
del agresor y feminicida, deja una niña de 6 años de edad, fruto de una
relación anterior y muestra un destino casi predecible en las jóvenes mujeres
que empiezan vida de pareja a temprana edad. La familia de estas
niñas-adolescentes-jóvenes, las empujan a encontrar un ¨hombre con
posibilidades¨ que se haga cargo de ellas. Entienden que si ya ¨es mujer¨, puede
y debe ¨arreglarse sola¨, entregándolas al designado con alivio y entendiendo
que, a partir de ahí, estará ¨aposentada¨.
Como
dijera la especialista mexicana Julia Monárrez, la práctica feminicida,
producto del sistema patriarcal, comprende toda una serie de acciones y
procesos de violencia sexual, que van desde el maltrato emocional y
psicológico, los golpes, los insultos, la tortura, la violación, la
prostitución, el acoso sexual, el abuso infantil, el infanticidio de niñas, las
mutilaciones genitales, la violencia doméstica, la maternidad forzada, la
privación de alimentos, la pornografía, hasta toda política, tanto personal
como institucional, que derive en la muerte de las mujeres. Todo esto tolerado
y minimizado por el Estado y las instituciones religiosas.
En
Moca, con Andreina, su tía y su prima, fallaron todos los controles, empezando
por el familiar y el entorno inmediato, con padre y madre que ¨no sabían¨,
vecindario que ¨si sabía, pero no se metía¨, amigas que presenciaban violencias
horribles pero no denunciaban y en fin, un sistema desarticulado, adormecido
entre el agobio y la necesidad, con poco apoyo económico para desarrollar
estrategias de prevención mínimas, con poca comprensión del fenómeno y sin
interés local y nacional, ni registro adecuado de estos crímenes.
Hace casi 20 años
que en nuestro país se habla del feminicidio, demasiado tiempo para que no se
entienda que es emergencia nacional desde que supimos que una media de 200
dominicanas son asesinadas por ser mujeres cada año.
Estamos muy mal, y
seguiremos peor mientras no desmontemos las causas que producen estos crímenes.
susipola@gmail.com
Cuidado con la impunidad
Las dos semanas pasadas fueron intensas para la indefensión del pueblo dominicano, por un lado, convidado de piedra en la mesa de unas negociaciones que, sin embargo, jugaban su propia suerte, y por el otro, testigo del despotismo y prepotencia de personas amparadas en el poder, sobre la ciudadanía.
Ambas situaciones impactaron la conciencia nacional. Y tuvimos que ver cómo en nombre de la política -nunca de la democracia- nacieron nuevos héroes y heroínas en el poder, ¨sacrificados¨ por su propio bien común y siempre de espaldas a quienes se supone, deben su ejercicio. Difícil y peligrosa situación de un pueblo, proscrito de su propio destino.
El colofón a una serie de impunidades generadas desde el poder dominicano fue la agresión brutal de parte de un funcionario consular dominicano contra un miembro de la Autoridad Metropolitana de Transporte, AMET, que resultó con una pierna fracturada y con un retiro de querella y unas disculpas públicas afectadas y de poco convencimiento.
Y es que en nuestro país, la impunidad es una regla aplicada al entorno de las personas poderosas. Una clase parasitaria que vive a costa de nuestro trabajo con la mayor desvergüenza y sin pesar alguno, porque están convencidos de que el poder, es para ejercerlo en nuestra contra, un concepto manido en su imaginario.
Y es bien importante identificar que la impunidad es algo más que la ausencia del castigo, porque viola la obligación universal que tienen los estados de investigar, juzgar y condenar a quienes se les imputan violaciones de los derechos humanos fundamentales; también, porque no toca las estructuras que posibilitan esos delitos y actuaciones, dejando que todo siga igual.
Por lo tanto, ese indecente personaje que vimos todo el país en un video grabado, fue bendecido por una justicia al servicio de los grupos políticos y económicos más poderosos. Entre miles de ejemplos que anteceden, el de la niña madre que puso un pico de botella de cerveza en la boca de su bebé y colgó la foto en las redes, condenada a tres meses de reclusión como medida de coerción, mientras que este video, brutal y violento, también colgado en las redes, solo genera las disculpas del desbocado agresor y así se resarce.
Cuidado! Decía alguien que, si la impunidad se perpetúa y no existe una reparación social, moral, ni jurídica; la tragedia de las víctimas se transforma en mentira y así, sin nada que reparar, se convierte en la expresión más perversa del poder. No abusen del pueblo!
susiola@gmail.com
Ambas situaciones impactaron la conciencia nacional. Y tuvimos que ver cómo en nombre de la política -nunca de la democracia- nacieron nuevos héroes y heroínas en el poder, ¨sacrificados¨ por su propio bien común y siempre de espaldas a quienes se supone, deben su ejercicio. Difícil y peligrosa situación de un pueblo, proscrito de su propio destino.
El colofón a una serie de impunidades generadas desde el poder dominicano fue la agresión brutal de parte de un funcionario consular dominicano contra un miembro de la Autoridad Metropolitana de Transporte, AMET, que resultó con una pierna fracturada y con un retiro de querella y unas disculpas públicas afectadas y de poco convencimiento.
Y es que en nuestro país, la impunidad es una regla aplicada al entorno de las personas poderosas. Una clase parasitaria que vive a costa de nuestro trabajo con la mayor desvergüenza y sin pesar alguno, porque están convencidos de que el poder, es para ejercerlo en nuestra contra, un concepto manido en su imaginario.
Y es bien importante identificar que la impunidad es algo más que la ausencia del castigo, porque viola la obligación universal que tienen los estados de investigar, juzgar y condenar a quienes se les imputan violaciones de los derechos humanos fundamentales; también, porque no toca las estructuras que posibilitan esos delitos y actuaciones, dejando que todo siga igual.
Por lo tanto, ese indecente personaje que vimos todo el país en un video grabado, fue bendecido por una justicia al servicio de los grupos políticos y económicos más poderosos. Entre miles de ejemplos que anteceden, el de la niña madre que puso un pico de botella de cerveza en la boca de su bebé y colgó la foto en las redes, condenada a tres meses de reclusión como medida de coerción, mientras que este video, brutal y violento, también colgado en las redes, solo genera las disculpas del desbocado agresor y así se resarce.
Cuidado! Decía alguien que, si la impunidad se perpetúa y no existe una reparación social, moral, ni jurídica; la tragedia de las víctimas se transforma en mentira y así, sin nada que reparar, se convierte en la expresión más perversa del poder. No abusen del pueblo!
susiola@gmail.com
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