Condena internacional

El Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), condenó al Estado español por desconocer más de 30 solicitudes de medidas de protección hechas por Ángela González, para ella y su hija de 7 años. La falta de diligencia originada en la adhesión a los esterotipos de género del sistema de justicia, permitieron que el padre asesinara a la niña en 2003 y se suicidara posteriormente, durante el régimen de visitas. Ángela, que había huido de la casa familiar con su hija Andrea, entonces de 3 años, denunció a su agresor, pero el maltrato continuó después del divorcio, incluso a través de su hija. Víctima de violencia basada en el género no presentía, sino que sabía la capacidad violenta de sujeto, por eso pedía que no se le permitiera estar a solas con la niña.

En septiembre de 2012, la organización Women’s Link Worldwide, llevó el caso al Comité de la CEDAW que hoy obliga a Estado español, a “reparar de manera adecuada e indemnizar integralmente” a esta mujer. En su resolución, el Comité de la CEDAW, reconoce que España ha formulado leyes, programas de concienciación, educación y capacitación, así como la promulgación de una Ley Integral Contra Violencia de Género, aprobada en 2004, que es modélica, sin embargo identifica prácticas de jueces, fiscales, trabajadores sociales que “con frecuencia” desprotegen a las víctimas y sus hijos.

Además, ratifica la obligación de los Estados de “investigar la existencia de fallos, negligencia u omisiones por parte de los poderes públicos” que dejan sin protección a las víctimas de violencia de género”, y recuerda que para hacer esto realidad se necesita de “voluntad política y el apoyo de agentes estatales”.

El caso de Ángela, nos recuerda a no pocas dominicanas que sufren también desprotección por insensibilidad e ignorancia del sistema de justicia, social y comunitario, en la ruta crítica por violencia basada en el género.

Las evaluaciones realizadas hasta la fecha en el país, señalan que, mientras el Ministerio Público avanza en el conocimiento del fenómeno de la violencia basada en el género, intrafamiliar y sexual, por su necesidad de responder al proceso de investigación, aunque mantiene algunas resistencias a las buenas prácticas, el poder judicial se mantiene rezagado, desestimando un porcentaje considerable de casos como no judiciables.

Las organizaciones de mujeres y de defensa de los derechos humanos, tienen adonde recurrir para los casos de violencia contra la mujer, desprotegidos por el Estado dominicano, signatario de la CEDAW y obligado a establecer la seguridad necesaria para las dominicanas y sus hijos e hijas menores.

SusiPola@gmail.com

Aumento feminicidios

Agradezco a nuestro hijo pequeño, que ya es grande, por la reflexión sobre la “música de calle”, alarmado por contenidos, visualizaciones y monotonía rítmicas dirigidas a fortalecer y reciclar el mundo estereotipado de la cultura patriarcal. Me hizo recordar que especialistas de la Antropología, hablan de “generocidio histórico de mujeres” cuando el imaginario amenaza con desmontar discriminaciones de la cultura.

En la violencia basada en el género contra la mujer, causas y consecuencias, son un amasijo de acciones manteniendo la misoginia, vía los estereotipos ancestrales. Por ejemplo, qué pensamiento de igualdad puede provocar La Materialista, cuando…¿canta?: “Papi te gustan la chapa que vibran (se repite 20 veces junto con Ah, Ah, Ah te gusta que vibren) Tu tá frutao con esa mamasota, no te haga que en la bemba se te nota.

Te gusta cuando muevo mis chapotas. Perdón, dile a tu jeva que cuidao si se sofoca. Soy peligrosa tu me conoce entonces evitemos el roce. Por favor evítame un problema. Siempre te aparece cuando bailo este lema. No te pongas bruta y baila (otras 20 veces con Ah, Ah, Ah te guta que vibren?) Dale baila el vibrador.

Vamos a enseñarle a bailar. Coloquen la chapa pa trá. Moviéndolo de lao a lao. Que ellos quieren manga y lo tenemos futrao. Pon las manos en la rodilla que somos la mami que brillan. Le gustan la chapa que vibran. A tu jevo le gusta (Otras 20 veces con gusta y Ah,Ah,Ah) Cuidado si te quilla. Ta vibrando”. O también, qué respeto humano por la mujer inspira Geraldo Gabriel Santana, “El Poeta Callejero”, cuando…¿canta?, su éxito rotundo “Diez mujeres”, que dice así: “Si yo tuviera un deseo, mi deseo sería tener 10 mujeres y qué yo haría con 10 mujeres.

Yo me acuesto con una y amanezco con 2, con la chinita 3, con la de New York four. Una ta’ en la sala. La otra está en la cocina. Las gemelas están esperando que le lleven su comida. 9 con la que me esta haciendo lo pie y con la que me ta’ esperando pa’ prendé. Son 10 mujeres. Yo necesito como 10 mujeres. Yo nací pa’ tener 10 mujeres”.

Dos muestras del “alimento” mental que tiene nuestra sociedad para el cambio, empeñada en hacer paradigmas de lo que racionalmente serían antihéroes. Entonces, no hablemos más de campañas “cero tolerancia”, porque estamos tolerando. Si el Ministerio de Cultura y la Dirección de Espectáculos Públicos, no entienden esto, va a ser difícil contener los feminicidios. Que La Materialista y El Poeta lo sepan, inciden en el aumento de feminicidios y validar esto, es un crimen basado en el género.

SusiPola@gmail.com

"Federici: feminismo entre fuegos y fogones" Andrea Momoitio y Emilia Laura Arias Domínguez [Pikara Magazine]

Federici: feminismo entre fuegos y fogones

Andrea Momoitio y Emilia Laura Arias Domínguez

10/07/2014

[Pikara Magazine]

 

Es la Madonna de las feministas. La editorial ‘Traficantes de Sueños’ le trajo al Estado español el pasado mes de mayo para presentar su último libro, ‘Revolución en punto cero’, sobre trabajo doméstico, crisis de los cuidados y bienes comunes. Visitó Barcelona, Iruña, Zugarramurdi, Madrid, Málaga y Sevilla; el partido político Alternatiba quiso que repitiese su show también en Bilbao donde cientos de personas hicieron cola para poder escuchar sus palabras. Hubo quien se quedó sin sitio dentro. Durante su viaje por España se reunió con colectivos de mujeres para hablar con ellas de trabajo doméstico.


Silvia Federici durante su entrevista con Pikara Magazine./ Emilia Arias
Silvia Federici (1942, Parma) habla y sonríe con calma. Tiene las manos arrugadas y la lengua afilada. A uno de los actos en los que participó en Madrid llevó el bolso de Pikara. Es también autora de ‘Calibán y la bruja. mujeres, cuerpo y acumulación primitiva’, libro en el que incorpora la caza de brujas al análisis marxista sobre el paso de la sociedad feudal al sistema capitalista. Joana García Grenzner la entrevistó cuando presentó esa publicación en Barcelona. ¿Más información? En todas las entrevistas que le hicieron entonces y durante su nueva gira. Federici está de moda.

¿Cómo ha sido la visita a Zugarramurdi?


Visitar la zona me ha emocionado mucho. Es el único lugar del País Vasco, según mis investigaciones, en el que los hombres estaban organizados contra las brujas.

En 1609 empezaron a encarcelar, torturar y asesinar a muchas mujeres. Las echaban con los instrumentos que utilizaban los marineros para cazar ballenas. Me ha molestado muchísimo ver cómo están haciendo negocio allí vendiendo una imagen de las brujas que no corresponde a la realidad. Están propagando una visión falsa, que degrada y las ridiculiza: mujeres gordas, feas, con nariz grande y mayores. Mantienen la imagen que crearon de ellas sus cazadores.

¿Qué propones?


Me gustaría ver una movilización de mujeres en la que se dijera: “Basta de ganar dinero a costa de nuestra piel”. En los puestos que hay por la zona tendríamos que estar con pancartas explicando qué pasó realmente. Es hora de desvelar la historia de sangre, tortura, violencia y persecución.

¿Está desmovilizado el feminismo?


El feminismo es, hoy en día, un fenómeno muy complejo. Por un lado, hay un nuevo movimiento que está surgiendo de las más jóvenes porque siguen teniendo la vida más difícil que los hombres. Todas las expectativas que tenían: una carrera, trabajo fuera de casa, reparto de tareas… no se han hecho realidad o de manera muy limitada. Las reivindicaciones del feminismo siguen hoy vigentes. Por otro lado, hay una gran degradación del feminismo, que comenzó en los años 70 con las Naciones Unidades. La ONU ha invadido el territorio feminista, se ha apropiado de él y lo ha distorsionado; ha redefinido su agenda y ha destruido todo su potencial subversivo al mantener sólo su perspectiva neoliberal.

¿Qué perspectiva es esa?


Aquella que dice que la liberación de las mujeres pasa por su carrera profesional, la igualdad de oportunidades. Son reivindicaciones capitalistas y neoliberales. La ONU ha creado un feminismo global de Estado donde las mujeres forman parte de conferencias internacionales o de oenegés. Atacan el trabajo no pagado desvalorizando la reproducción y evitando criticar cómo el capitalismo ha usado el cuerpo de las mujeres. Han creado un feminismo muy conciliador con la agenda neoliberalista. Tenemos que reapropiarnos de las políticas feministas.

¿Está muerto el movimiento feminista?


Creo que hoy no existe un feminismo como movimiento social de masas. Existe un feminismo cultural, pero no como fuerza política y social. Hay una política feminista que va en cada movimiento social porque todos han tenido que hablar con el feminismo. No estamos en la misma situación que hace treinta años. Hay mucha más paridad y las mujeres tenemos más autonomía respecto a los hombres, no así respecto al capital. No hay una fuerza capaz de contrarrestar el capitalismo. Algunas mujeres jóvenes han vuelto a tomar formas de comportamiento que nosotras habíamos rechazado y creo que eso demuestra que se está dando una regresión-

En tus obras has hablado del feminismo como la ‘revolución inacabada’. ¿El feminismo ha creado conciencia, pero no ha logrado la incidencia?


Sí. El movimiento feminista no ha sido capaz de oponerse al proceso de globalización, que ha estado lleno de continuos ataques al trabajo reproductivo en todos los niveles. No ha sido capaz de oponerse a los recortes sociales, no ha podido cambiar la organización del trabajo. ¡Hoy las horas de trabajo son más que en el pasado! Diez horas. La conciliación familiar es imposible. Asistimos a una gran crisis en el terrero de los cuidados y las mujeres no tienen tiempo para descansar, ni para leer, ni para asistir a una reunión política o a una manifestación. No tienen tiempo para ellas mismas. Vivimos en una continua ansia por la supervivencia. Las mujeres, en Estados Unidos, consumen una gran cantidad de antidepresivos. Son vidas de ansiedad, preocupaciones y trabajo, trabajo, trabajo.

¿En qué se está equivocando el feminismo?


En los años 70, cuando hubo que tomar decisiones estratégicas, tanto en Estados Unidos como en Europa, el movimiento feminista abandonó por completo el terreno de la reproducción y se empeñó, casi exclusivamente, en el trabajo fuera de casa. El objetivo era conquistar la igualdad a través del terreno laboral. Pero los hombres estaban fastidiados en ese ámbito y lograr la igualdad para estar igual de fastidiadas y oprimidas que ellos no es una estrategia. Entramos en el trabajo asalariado que hasta entonces estaba dominado por hombres, bien; pero no vieron que era el momento de atacar ese trabajo asalariado. Hubo una falta de visión del contexto social y económico en el que se estaba luchando. Hemos luchado con armas que no funcionaban.

Silvia Federici durante su última visita a Bilbao./ Emilia Arias
Entonces trabajaba en una organización que se llamaba ‘Campaña Internacional por el Salario para el Trabajo Doméstico’. Creíamos que sin luchar por el trabajo reproductivo, no íbamos a conseguir nada. Para poder cambiar la situación de las mujeres hay que cambiar tres relaciones: mujeres-Estado, mujeres-hombres y mujeres-capital. El trabajo reproductivo es prioritario aquí. Es el problema central, porque los roles que el capitalismo ha diseñado para las mujeres parten precisamente de ahí: el capitalismo ha generado la división internacional sexual del trabajo. Debemos partir de ahí. El movimiento feminista no ha tomado ese camino y es una de las razones por las que no ha podido provocar grandes cambios.

¿Nace de ahí tu idea de la ‘Revolución cero’?


Sí, la ‘Revolución cero’ es la que aún no se ha hecho porque no se ha tomado en consideración el problema de desvalorización del trabajo reproductivo.

¿Vivimos una guerra contra las mujeres?


Sí, sí, sí, sí. El capitalismo y la globalización atacan a los medios de reproducción: expropiación de tierras, recortes en el Estado de Bienestar, precarizan el trabajo y la vida. Es una estrategia común, tradicional del capitalismo, que Marx llamaba ‘acumulación originaria’: si quieres aumentar tus beneficios e imponer una cierta disciplina tienes que separar a hombres y mujeres de los medios reproductivos. Si no tienen cómo reproducirse, dependen de ti. Aceptan cualquier condición. ¿Y quiénes son los sujetos sociales empeñados en primera persona en la reproducción? Las mujeres.

No puedes atacar la reproducción de la fuerza de trabajo sin atacar a las mujeres. La violencia contra las mujeres es parte del proceso. En América Latina y África, por ejemplo, donde las mujeres se dedicaban a la agricultura de subsistencia. ¿qué están haciendo las instituciones internacionales? Arrebatarles esas tierras, privatizarlas.

¿No crees peligroso centrar toda su crítica sobre el capitalismo? Las mujeres no están libres de violencia en otros sistemas.


No hay otros sistemas aparte del capitalismo, ni Cuba, ni Venezuela. ¿Bromeas? La idea de que el capitalismo es sólo un sistema económico es un prejuicio capitalista. Es un sistema cultural y social. No hay economía sin relaciones sociales, culturales o políticas. Hoy en día, todos y todas vivimos en el sistema capitalista. Hay países que distribuyen mejor la riqueza que otros, pero no existen países fuera de la economía del mercado.

No sirve con decir que queremos una sociedad que no sea capitalista porque podríamos construir un sistema incluso peor. Yo lo quiero es crear una sociedad no jerarquizada, que no se base en aprovecharse del trabajo de otras personas.

Pero, ¿no es el patriarcado un sistema autónomo?


Yo no lo creo. El patriarcado siempre ha formado parte de los sistemas que se apropiaban del trabajo humano. El cuerpo de la mujer es una fuente de riqueza, que presenta hijos e hijas, mano de obra. Estamos en la lógica de explotación laboral. El patriarcado no comienza con hombres que dominan a mujeres sino con un sistema de trabajo que oprime a los hombres y que se basa en controlar su principal fuente de riqueza. Pero, ¿te das cuenta de la riqueza que supone el cuerpo de las mujeres? ¿Imaginas que las mujeres deciden dejar de tener hijos? ¿Imaginas?

El lesbianismo podría ser una buena solución.


Las lesbianas hoy también tienen hijos.

¿No dejas fuera de tu análisis a las lesbianas?


He escrito mucho de capitalismo y sexualidad, sobre la disciplina de sexualidad que el capitalismo ha impuesto. En los años 70, hablábamos de una gran contradicción en el capitalismo. La división del trabajo era entonces una división homosexual: los hombres trabajan con hombres y las mujeres con mujeres. La heterosexualidad sólo existía en el ámbito del matrimonio. Era difícil entonces entenderse en el matrimonio. La familia nunca ha sido un lugar de serenidad.

Por otro lado, en los años 60 y 70, yo sí tenía claro que el lesbianismo tenía un gran valor de ruptura por muchas razones. El capitalismo cede el mando a los hombres, los convierte en emisarios del sistema en casa y en una relación lésbica eso no pasa. Además, el lesbianismo supone una gran valorización de las mujeres y un espacio de tranquilidad, de liberación de tantas presiones. Pero ahora he entendido que con esto no basta porque en una sociedad heterosexual, las relaciones lésbicas reproducen la lógica heteropatriarcal.

Creo, aunque no estoy segura, que esa capacidad de ruptura que tuvo una vez el lesbianismo es menos fuerte ahora. El propio capitalismo ha reestructurado su idea de familia para integrar a las parejas homosexuales.

De ahí la aprobación del matrimonio gay en tantos sitios


Por supuesto. El capitalismo necesita organizar las casas en torno al trabajo reproductivo.

En este contexto de crisis, en el que se han puesto de moda los cupcakes, ¿no se está glorificando demasiado el trabajo reproductivo?


Hay un gran debate sobre esto en Estados Unidos ahora. Es un tipo de valorazión del trabajo a nivel psicológico, pero no hay ninguna ruptura a nivel político. Todo lo contrario. Es una válvula de seguridad. No es una cuestión transformadora ni nada rupturista. Sólo significa que si tienes tiempo y dinero puedes hacer tus pasteles en casa [risas].

Pero sería peligroso que pase.


Nuestro discurso de revalorización del trabajo doméstico no tiene nada que ver con hacer cupcakes en casa. Hablamos de luchar contra la deforestación y tala de bosques; luchar para que no sigan contaminando ríos y mares; poner la riqueza producida al servicio de los mujeres. Se trata de cambiarla lógica del sistema. Producir para la vida y no para el mercado. Nada de cupcakes.

¿Y si los pasteles los hace otra?


El movimiento feminista ha cometido un gran error al no trabajar por el salario doméstico. ¿Qué pasa ahora? Que esa carga de trabajo la tiene que asumir otra mujer. Muchas, migrantes. La restructuración del trabajo doméstico se asienta sobre una gran injusticia: mujeres que dejan sus familias y se van lejos de sus casas a cuidar a las familias de otras mujeres. Pero es verdad que hay mujeres que pueden hacerse cargo de sus familias sin ayuda. No me gusta ser moralista en este aspecto porque, a veces, no hay otra elección, pero debemos tener una estratégica política que nos lleve a un cambio de modelo en el que hombres y mujeres decidan cómo reproducirse sin lógicas de poder.


http://www.pikaramagazine.com/2014/07/tell-us-federici/Andrea Momoitio
Periodista masterizada. Adicta a las 'Pantera rosa' y a los macarrones con tomate. Pero, sobre todo, lesbiana y feminista. En ese orden. E-mail: andreamomoitio@pikaramagazine.com

 

Enlace original: http://www.pikaramagazine.com/2014/07/tell-us-federici/

"Mi hijo se pone vestidos y a mí me parece bien" por: Seth Menachem [en: El Huffington Post]

Mi hijo se pone vestidos y a mí me parece bien

por: Seth Menachem

[en: El Huffington Post]


Publicado: 01/08/2014 07:14
Actualizado: 01/08/2014 07:14 CEST


Cada mañana, mi hija de cuatro años, Sydney, coge una silla para subirse al armario y coger un vestido de la percha. Yo intento que pruebe otras opciones: "¿Por qué no te pones hoy unos pantalones cortos?" Pero Sydney es muy cabezota. Además, creo que se merece libertad para elegir lo que quiere ponerse.

Mi hijo Asher tiene dos años. Para vestirle, cojo unos pantalones cortos y una camiseta del cajón, porque a él todavía le cuesta ponerse la ropa. En cambio, sí que sabe desvestirse, y lo que suele hacer es arrancarse la ropa y gritar la palabra "vestido" una y otra vez. Escala a la silla del armario y alcanza uno de los vestidos de Sydney: "Este", dice.

Así que, la mayoría de los días, mi hijo va vestido como una princesita Disney. Dejando a un lado todas las costumbres sociales, no le quedan nada mal los vestidos. Y puede que en un día de verano en Los Ángeles, a casi 30ºC, sea la opción más práctica.


Antes me daba un poco de vergüenza que el niño llevara vestidos en público. Y no porque me preocupara de que la gente le mirara raro, sino porque no quería que pensaran que era yo quien había decidido ponerle un vestido. Como si entre mis planes estuviera el hecho de utilizar a mi hijo para romper las normas sociales, o, como me preguntó una amiga de mi madre: "¿Es que querías otra hija?"

Esto ocurrió en la fiesta de cumpleaños de la hija de una amiga. Antes de salir de casa, intenté convencer a Asher para que se cambiase de ropa. Sabía que si se presentaba con un vestido, se sucederían un montón de preguntas y opiniones y, la verdad, no me apetecía tener que responder.

Pero Asher se puso más pesado que nunca. Le entró un berrinche enorme cuando yo me decidía a meterle las piernas en unos pantalones. Las lágrimas le caían por la boca y, de repente, me di cuenta de que estaba luchando por algo en lo que ni siquiera creía. Estaba haciendo que mi hijo se sintiera mal por algo por lo que no debía avergonzarse. Así que paré. Le di un abrazo y me disculpé. Entonces, le volví a poner el vestidito lila de princesa con los zapatos brillantes de su hermana.



Fuimos a la fiesta y, como me imaginaba, algunas personas se rieron e hicieron comentarios. Alguien me dijo: "¿Te parece divertido? Hay niños aquí. ¿Quieres que lo vean?" Otro preguntó: "¿Es que quieres que sea gay?"

Yo mantuve la calma. Les expliqué lo mejor que pude que no había correlación entre la forma de vestir y el hecho de ser gay. Y si resulta que es gay, no será por nada yo haya hecho, sino porque es gay y punto. Quizás es una etapa. O quizás no lo es. Pero, sea lo que sea, no quiero que se sienta incapaz de expresarse por falta de apoyo de sus padres. Algunos lo entendieron. Otros, atrapados por la religión o por la ignorancia, nos pusieron mala cara.

Hay mucha gente comprensiva. Ven a mis hijos, a Sydney, con su pelo rubio largo y sucio, y a Asher, con su pelo corto castaño oscuro, y dicen: "Me encanta el corte pixie de tu hija". Cuando respondo que es mi hijo, sonríen y dicen: "Ah, pues me encanta". También se disculpan, pero yo les tranquilizo: "No pasa nada. Lleva un vestido morado con zapatos brillantes. Es fácil confundirse". Sé que hay padres que se molestan si confundes el sexo de sus hijos, pero yo no soy uno de ellos.



Un amigo gay me vio con los niños un viernes por la noche en un concierto de jazz en el museo y, sin venir a cuento, dijo: "Bueno, yo no me ponía vestidos cuando era pequeño", que es como decir: "No te preocupes. Tu hijo no es gay como yo". Este hombre gay y casado intentaba tranquilizarme por un problema que ni siquiera existía. Si mi hijo es gay, pues vale. Quizás es. O quizá no. Quizá va a ser travesti. O quizá no. Pero yo no tengo control sobre ello. Lo único que puedo hacer es apoyarlo.

Lo más triste de este encuentro fue descubrir cómo entendía mi amigo lo de ser gay. Como si fuera una maldición. ¡Con lo bien que están las fiestas de tíos guapos! Pero claro, él está casado. Probablemente se haya olvidado.

Normalmente llego a casa antes que mi mujer, así que cogí a los niños para sacar a pasear al perro. Estaban jugando con la ropa: mi hija hacía que Asher era su muñeca, y le probaba vestidos, zapatos y diademas. Luego Sydney me dijo que quería que yo también me pusiera un vestido: "¡Ay, va a ser muy divertido!"

Yo le dije que no. Pero ella siguió insistiendo. Yo le dije: "La gente se va a reír de mí". Y ella replicó: "Si lo hacen, les mandaré a paseo". No pude discutir contra eso, y me metí como pude en uno de los vestidos más elásticos de Carrie. Paseamos al perro por nuestro bloque, y el placer que le entró a mis hijos al ver a su padre salir de su zona de confort acabó con la humillación que yo sentía.

Carrie ya estaba llegando a casa, y le vi la mandíbula desencajada desde el final de la calle. Se estaba riendo. Hasta nos hizo una foto. Y me dijo que tuviera cuidado con no romperle el vestido. Luego nos fuimos todos a comer pizza.



Traducción de Marina Velasco Serrano

Enlace original: http://www.huffingtonpost.es/seth-menachem/mi-hijo-se-pone-vestidos-_b_5627223.html

¿Se rehabilita un feminicida?

El lunes 29 de junio de 2009, la prensa se refería al comerciante Miguel Vladimir Morán Balbuena, (Vladi), de 34 años, atrapado por asesinar a su esposa, Candy Fior D´ Aliza Filpo Espinal, (Yaniris), de 27 años, en Santiago y el Coronel Jesús Cordero Paredes, explicaba entonces, cómo el victimario cometió y lo admitió. Ella, embarazada de casi dos meses, murió en “shock hemorrágico, por proyectil de arma de fuego en región posterior del lado derecho del cuello, sin salida”.

Miguel Vladimir Morán Balbuena, condenado a 13 años de cárcel, acaba de contraer matrimonio el jueves pasado, con Yáskara Vargas, recientemente en libertad de 5 años de condena cumplida por venta de drogas, en el Centro de Corrección y Rehabilitación Rafey. La boda, realizada en la Catedral de Santiago Apostol, fue iniciativa del programa “Unificando a la Familia”, de ese centro carcelario. (No conozco el programa y es posible se apoye en las mejores intenciones, pero angustia saber que, en la ruta de atención, a la Violencia Basada en el Género contra la Mujer, en el país se siga actuando impulsivamente).

En 2012, la Procuraduría General, estableció una serie de pautas de actuación del Ministerio Público ante los casos de violencia hacia la mujer, para unificar el enfoque en todas las Fiscalías del país como respuesta a estas violencias. Además, a comienzos del año en curso, la misma Procuraduría, Policía Nacional, Ministerio de la Mujer y Ministerio de Salud Pública, firmaron un acuerdo “Para la Coordinación Interinstitucional y la Aplicación de Pautas Comunes de Actuación en la Prevención, Atención e Intervención de la Violencia de Género, la Violencia Intrafamiliar y los Delitos Sexuales”.

Es decir que el sistema entero, a medida que se va especializando, entiende que hay que dar un enfoque integral e integrado como respuesta a estas violencias, imprescindible para evitar el incremento tan alto de feminicidios que tenemos en el país.

Un hombre capaz de matar a su compañera de vida, además embarazada, no es el paradigma de la unión familiar, aunque sea 5 años después, y el sistema asume gran responsabilidad, mediada por la intervención de las ideas religiosas tradicionales, con apremio reconocido a “formalizar, rescatar y mostrar conversiones”.

Cuidado, desde la experticia que tenga el sistema en masculinidad violenta, de acuerdo a las investigaciones internacionales y nacionales, hay que incorporar los resultados de la Ruta Crítica de los feminicidas y establecer límites a la intromisión de interventores que, aunque de buena fe, no entienden el fenómeno de la violencia contra la mujer.