Acción por la Salud de la Mujer
Hoy es el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, fecha conmemorativa establecida en el V Encuentro Internacional de Mujer y Salud realizado en San José, Costa Rica, en mayo de 1987.
La institucionalización de esta fecha, al igual de las del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo y el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre, refiere el poder de convocatoria de los movimientos de las mujeres latinoamericanas y caribeñas, en el marco mundial, para reafirmar el derecho a la salud como un derecho humano de las mujeres al que deben acceder sin restricciones o exclusiones de ningún tipo, y a través de todo su ciclo de vida.
Algunos datos sobre la salud sexual y salud reproductiva, tomados de la “Agenda Feminista Dominicana. Más allá de los Objetivos del Milenio”, nos dicen como encuentra a las mujeres en este país, la fecha conmemorativa.
El 47.4% de dominicanas en unión no desean tener más hijos, llegando el descenso en la tasa de fecundidad a 2.4 hijos en el total del país. Sin embargo, sólo un 72,9% de las mujeres utilizan algún método de planificación familiar. (ENDESA 2007). De acuerdo a la ONE, el 14% de las mujeres tuvo su primera relación antes de los 15 años; el 50% antes de los 18 años.
La República Dominicana tiene una de las tasas de embarazo adolescente más altas del mundo (109 por cada 1.000 mujeres entre 15 y 19 años), ocupando el puesto 16 de 136 naciones con mayor incidencia de este tipo de embarazos. En el 2007, siempre de acuerdo a la ENDESA, una de cada cinco adolescentes o jóvenes entre 15 y 19 años era ya madre o estaba embarazada. El porcentaje de madres adolescentes en el país en dicho año era de 20.6%; de éste porcentaje, 18.3% era urbana y 26.0% rural y la maternidad adolescente era en el 2008 la segunda causa de deserción escolar de niñas.
Para el período 1997-2007, la tasa de mortalidad materna quedó registrada en 159 sobre 100,000 nacidos vivos [ENDESA 2007], superando así la tasa promedio para América Latina y el Caribe para ese año, que eran 130 por cada 100,000 nacimientos, una cifra que está muy lejos de la meta prevista para el 2015 dentro de los Objetivos del Milenio: 46.9 por cada 100,000 nacidos vivos [ODM 5].
La realidad de las cifras, convoca a reconocer la ausencia de una programación efectiva dirigida a la salud sexual y salud reproductiva de las dominicanas. ¡Hay que trabajar en ese sentido!
susipola@gmail.com
Acerca de prostitución
Cecilia Lipszyc, Socióloga feminista e investigadora argentina, reconocida internacionalmente en su accionar por los derechos humanos, especialmente por llamadas minorías sexuales e impulsora de conquistas de derechos al colectivo de lesbianas, gays, bisexuales y trans, (LGBT), acaba de morir en Buenos Aires.
Consultora y Directora en Proyectos de UNICEF, UNIFEM, Unión Europea, y autora de numerosos artículos y libros, Cecilia nos ofrece la oportunidad de reconocer su trabajo desde aquí, con un tema que es por estos días polémica establecida y que ella investigó y estudió por mucho tiempo, me refiero al de la prostitución.
En su trabajo “Mujeres en Situación de Prostitución: ¿Trabajo o Esclavitud sexual?”, plantea que el feminismo siempre ha entendido que la prostitución es una institución fundacional del patriarcado y constituye una de las formas más extremas de la violencia contra las mujeres.
Como un gran número de feministas, Lipszyc dice que el modelo de varón de la cultura patriarcal tiene un impulso sexual “naturalmente” considerado de gran potencia, que debe ser canalizado por formas socialmente legitimadas, toleradas e incluso estimuladas, y una de ellas, es la prostitución, que se convierte así, en una institución necesaria para el control social de la sexualidad humana, y mejor decir del hombre, sujeto universal de nuestra cultura patriarcal.
Para Cecilia, la violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y abusos sexuales en general, marcan un camino en la psiquis de las víctimas, qué “naturaliza” y se repite en la historia personal y generacional, aclarando que si bien no todas las personas que han sido violadas o abusadas sexualmente en la niñez se prostituirán después, en toda vida de prostitución sí existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal o familiar). Muchas veces acciones agravadas porque los agresores, son familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos respecto de los niños/as.
En nuestro país, polémica ya desatada por la Procuraduría General de la República reprimiendo a los prostituyentes y considerando a la persona prostituida como una víctima, estamos frente a un cambio de imaginario. Aquí, habrá que pensar en una inversión considerable en estrategias que ofrezcan a todas las personas trabajadoras sexuales, convincentes alternativas de sostenibilidad.
Entonces, el reto se plantea a mediano y largo plazo, como un desafío más de esta cultura androcentrista en permanente desmonte para sobrevivir, proceso que debemos enfrentar toda la sociedad, sectores de la sociedad civil organizada y del gobierno, junto a las agencias de financiamiento, para fundamentar futuras políticas públicas que sobre todo, respondan a toda esa población que trabaja con el sexo.
susipola@gmail.com
Consultora y Directora en Proyectos de UNICEF, UNIFEM, Unión Europea, y autora de numerosos artículos y libros, Cecilia nos ofrece la oportunidad de reconocer su trabajo desde aquí, con un tema que es por estos días polémica establecida y que ella investigó y estudió por mucho tiempo, me refiero al de la prostitución.
En su trabajo “Mujeres en Situación de Prostitución: ¿Trabajo o Esclavitud sexual?”, plantea que el feminismo siempre ha entendido que la prostitución es una institución fundacional del patriarcado y constituye una de las formas más extremas de la violencia contra las mujeres.
Como un gran número de feministas, Lipszyc dice que el modelo de varón de la cultura patriarcal tiene un impulso sexual “naturalmente” considerado de gran potencia, que debe ser canalizado por formas socialmente legitimadas, toleradas e incluso estimuladas, y una de ellas, es la prostitución, que se convierte así, en una institución necesaria para el control social de la sexualidad humana, y mejor decir del hombre, sujeto universal de nuestra cultura patriarcal.
Para Cecilia, la violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y abusos sexuales en general, marcan un camino en la psiquis de las víctimas, qué “naturaliza” y se repite en la historia personal y generacional, aclarando que si bien no todas las personas que han sido violadas o abusadas sexualmente en la niñez se prostituirán después, en toda vida de prostitución sí existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal o familiar). Muchas veces acciones agravadas porque los agresores, son familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos respecto de los niños/as.
En nuestro país, polémica ya desatada por la Procuraduría General de la República reprimiendo a los prostituyentes y considerando a la persona prostituida como una víctima, estamos frente a un cambio de imaginario. Aquí, habrá que pensar en una inversión considerable en estrategias que ofrezcan a todas las personas trabajadoras sexuales, convincentes alternativas de sostenibilidad.
Entonces, el reto se plantea a mediano y largo plazo, como un desafío más de esta cultura androcentrista en permanente desmonte para sobrevivir, proceso que debemos enfrentar toda la sociedad, sectores de la sociedad civil organizada y del gobierno, junto a las agencias de financiamiento, para fundamentar futuras políticas públicas que sobre todo, respondan a toda esa población que trabaja con el sexo.
susipola@gmail.com
Yo apoyo a Profamilia
Porque datos de nuestro país dicen que debemos tener responsabilidad:
- De la matrícula de 1,943,000 en el sector escolar público, solo hay evidencia de que 200,000 han recibido educación sexual o de prevención del VIH-Sida.
- El abandono escolar en los centros de educación media de la mitad de jóvenes que inician este ciclo, además, casi 700,000 jóvenes dominicanos no trabajan ni estudian.
- De acuerdo a la ENDESA 2007, el 20.6% de adolescentes entre 15 y 19 años ya son madres o están embarazadas. Somos uno de los 5 países con mayores tasas de embarazo en adolescentes en la región: 92 por cada 1000, menores de 19 años.
- De las dominicanas entre 20-24 años actualmente, el 13.8% entró en unión marital antes de los 15 y el 39.6% antes de los 18 años.
- La misma ENDESA de 2007, registra la mortalidad materna en 159 sobre 100,000 nacidos vivos, superando la tasa promedio de América Latina y el Caribe para ese año, que era de 130 por cada 100,000 nacimientos.
- Casi la totalidad de los partos en nuestro país, son institucionales, es decir, en hospitales o clínicas.
- En noviembre 2011, el doctor Carlos Gris de la OPS de la República Dominicana, declaró que una de las causas principales de mortalidad materna aquí es el uso excesivo de cesáreas, pues según él, la tasa alcanza el 39% en el sector público y el 90% en el sector privado, cuando los lineamientos de la OMS/OPS establecen un tope recomendado del 15%.
- La ilegalidad del aborto contribuye a las altas tasas de mortalidad materna en el país. Las estadísticas oficiales sitúan el aborto inducido como cuarta causa de mortalidad de la madre, cifra que la Sociedad Dominicana de Ginecología y Obstetricia estima en 20% para el 2007.
- El estudio “Percepciones y actitudes de estudiantes universitarios frente a la violencia de género”, realizado por el Movimiento sin Aula, en cinco universidades del país, reveló que el 54% de jóvenes consideran el acoso sexual como una situación frecuente o muy frecuente en las universidades; el 45% piensa que más del 40% de las universitarias han sido víctimas de acoso sexual y el 44% respondió que conocía por lo menos un caso de acoso sexual en su centro de estudio.
No podemos seguir con la cultura del silencio y la doble moral que pretenden las religiones. Tenemos un problema de salud y de derechos humanos que enfrentar.
¡Por eso apoyo a Profamilia!
Epílogo para Rosa
El costo de la violencia contra las mujeres es alto, inversión que determina la salvación o no de la víctima y puede medirse en las circunstancias que siguen a las agresiones. Las autoridades tienen que asumir que del presupuesto nacional deben salir los recursos necesarios para socorrerlas a ellas y sus hijos e hijas. De lo contrario, el Estado dominicano se mantiene cómplice de los crímenes por violencia basada en el género.
El 3 de octubre de 2006, en esta columna, hablaba de eso a propósito de Rosa, una muchacha de apenas 30 años entonces, acogida por el Núcleo de Apoyo a la Mujer, NAM, que la mantenía escondida de las amenazas del padre de sus hijos/as, agresor adicto que quería matarla. Con él, cuatro años mayor que ella, había formado pareja a los 15 años y ya a los 24 tenía cinco hijos, menores que temblaban cuando veían al padre porque les hizo sufrir toda clase de torturas, incluida la de obligar a su madre a sostener relaciones sexuales con él, en su presencia.
Entonces, les decía yo, Rosa, como todas las mujeres que sufren maltrato, aún siendo una mujer joven, veía resentido su sistema biológico, sufriendo de diabetes, problemas graves en la tiroides y con un fibroma uterino que le producía sangramientos dramáticos, problemas de salud que no solucionaba por falta de recursos. Algunas personas generosas que leyeron aquel artículo, costearon la cirugía de Rosa, los alimentos de sus hijos e hijas y apoyaron aquel proceso.
Desde 2006 hasta la fecha, esta joven mujer y madre, va sobreviviendo con el trabajo de mantenimiento del NAM y está pasando por un proceso de terapias de cura de cáncer, costeadas a base de serruchos informales, que incluyen a personas de su alrededor.
La historia de Rosa dio un giro en diciembre del año pasado, cuando una persona, hermano de una de las técnicas del NAM, residente fuera del país, se conmovió y le construyó una casa “de blocs” y techo de zinc, con tres habitaciones y “hasta área de lavado”, nos cuenta Rosa emocionada, especificando que la casa fue construida en 22 días y vive en ella desde el mes de febrero.
Rosa, relata conmovida que se levanta en las noches a mirar y tocar su casa, porque aún se le hace increíble tenerla y dice, “de aquí ya no me saca nadie, de aquí para el cielo”. Un final feliz gracias a la generosidad dominicana, que llega después de 7 años.
El mensaje es para el gobierno y sus instituciones: hay muchas más Rosas en espera!
El 3 de octubre de 2006, en esta columna, hablaba de eso a propósito de Rosa, una muchacha de apenas 30 años entonces, acogida por el Núcleo de Apoyo a la Mujer, NAM, que la mantenía escondida de las amenazas del padre de sus hijos/as, agresor adicto que quería matarla. Con él, cuatro años mayor que ella, había formado pareja a los 15 años y ya a los 24 tenía cinco hijos, menores que temblaban cuando veían al padre porque les hizo sufrir toda clase de torturas, incluida la de obligar a su madre a sostener relaciones sexuales con él, en su presencia.
Entonces, les decía yo, Rosa, como todas las mujeres que sufren maltrato, aún siendo una mujer joven, veía resentido su sistema biológico, sufriendo de diabetes, problemas graves en la tiroides y con un fibroma uterino que le producía sangramientos dramáticos, problemas de salud que no solucionaba por falta de recursos. Algunas personas generosas que leyeron aquel artículo, costearon la cirugía de Rosa, los alimentos de sus hijos e hijas y apoyaron aquel proceso.
Desde 2006 hasta la fecha, esta joven mujer y madre, va sobreviviendo con el trabajo de mantenimiento del NAM y está pasando por un proceso de terapias de cura de cáncer, costeadas a base de serruchos informales, que incluyen a personas de su alrededor.
La historia de Rosa dio un giro en diciembre del año pasado, cuando una persona, hermano de una de las técnicas del NAM, residente fuera del país, se conmovió y le construyó una casa “de blocs” y techo de zinc, con tres habitaciones y “hasta área de lavado”, nos cuenta Rosa emocionada, especificando que la casa fue construida en 22 días y vive en ella desde el mes de febrero.
Rosa, relata conmovida que se levanta en las noches a mirar y tocar su casa, porque aún se le hace increíble tenerla y dice, “de aquí ya no me saca nadie, de aquí para el cielo”. Un final feliz gracias a la generosidad dominicana, que llega después de 7 años.
El mensaje es para el gobierno y sus instituciones: hay muchas más Rosas en espera!
susipola@gmail.com
Todas somos Sandra
La semana pasada, Sandra Kurdas a través de las redes, conmovió denunciando maltrato por su marido de más de treinta años, mostrando una foto que recorrió el ciber espacio para alertar en poco tiempo a toda la ciudadanía.
Por las redes, la Fiscalía del Distrito, convocó a la víctima a acercarse a la ley para formalizar una denuncia, garantizando medidas de protección. Entonces, por vía de su abogado, Sandra dijo que se encuentra en la Florida desde hace un año, que se siente amenazada, a pesar de tener contra el agresor una orden de alejamiento de las autoridades de allí. Finalmente, las redes sociales, muestran una posibilidad inmejorable para denunciar públicamente y a las autoridades, el orden público de todas las violencias contra las mujeres.
La influencia de un agresor reiterado en el tiempo en el maltrato, mantienen el miedo en la víctima como sentimiento eje de su vida. Probablemente Sandra se sintió protegida por la distancia del victimario y por la cercanía de la interlocución en las redes, venció el miedo y habló.
Los temores de las mujeres son como grandes sombras producidas de acuerdo a la rotación de la tierra, hora del día, posición del sol, etc., y son inevitables: temor a la violación, a la maternidad, a la soledad, a enfrentar la vida, a la responsabilidad de encabezar un hogar, y tantos otros. Grandes borrones de los que ninguna escapamos fácilmente y a los que respondemos cotidianamente desde las actitudes con que enfrentamos la vida.
El miedo es la memoria acumulada desde niñas, marca indeleble de lo aprendido: cosas que vimos o que nos dijeron, límites trazados, amenazas veladas, imposiciones, convertidas en un fantasma inmenso que muchas veces dobla nuestra espalda. Miedos que pueden ser físicos o emocionales, pero casi todo el tiempo, se amarran entre si para arroparnos juntos y hacer la sombra más grande.
Miedo que nos paraliza frente a situaciones desbordadas de las que, por la rabia y a pesar de la culpa, podemos salir no siempre intactas, la mayoría de las veces, ayudadas por otras mujeres que aprendieron a dominar sus propios fantasmas. Aunque no es siempre así. La mayoría de las mujeres, andamos por la vida con el miedo a cuestas.
Como Sandra, todas fuimos niñas crecidas en el ambiente doméstico, adiestradas por juguetes en los roles pasivos y aparentemente secundarios; limitadas en nuestros movimientos; alertadas contra los peligros que traen hombres desconocidos; jamás avisadas del riesgo de formar pareja con un hombre violento.
¡Por eso digo, todas somos Sandra!
susipola@gmail.com
Por las redes, la Fiscalía del Distrito, convocó a la víctima a acercarse a la ley para formalizar una denuncia, garantizando medidas de protección. Entonces, por vía de su abogado, Sandra dijo que se encuentra en la Florida desde hace un año, que se siente amenazada, a pesar de tener contra el agresor una orden de alejamiento de las autoridades de allí. Finalmente, las redes sociales, muestran una posibilidad inmejorable para denunciar públicamente y a las autoridades, el orden público de todas las violencias contra las mujeres.
La influencia de un agresor reiterado en el tiempo en el maltrato, mantienen el miedo en la víctima como sentimiento eje de su vida. Probablemente Sandra se sintió protegida por la distancia del victimario y por la cercanía de la interlocución en las redes, venció el miedo y habló.
Los temores de las mujeres son como grandes sombras producidas de acuerdo a la rotación de la tierra, hora del día, posición del sol, etc., y son inevitables: temor a la violación, a la maternidad, a la soledad, a enfrentar la vida, a la responsabilidad de encabezar un hogar, y tantos otros. Grandes borrones de los que ninguna escapamos fácilmente y a los que respondemos cotidianamente desde las actitudes con que enfrentamos la vida.
El miedo es la memoria acumulada desde niñas, marca indeleble de lo aprendido: cosas que vimos o que nos dijeron, límites trazados, amenazas veladas, imposiciones, convertidas en un fantasma inmenso que muchas veces dobla nuestra espalda. Miedos que pueden ser físicos o emocionales, pero casi todo el tiempo, se amarran entre si para arroparnos juntos y hacer la sombra más grande.
Miedo que nos paraliza frente a situaciones desbordadas de las que, por la rabia y a pesar de la culpa, podemos salir no siempre intactas, la mayoría de las veces, ayudadas por otras mujeres que aprendieron a dominar sus propios fantasmas. Aunque no es siempre así. La mayoría de las mujeres, andamos por la vida con el miedo a cuestas.
Como Sandra, todas fuimos niñas crecidas en el ambiente doméstico, adiestradas por juguetes en los roles pasivos y aparentemente secundarios; limitadas en nuestros movimientos; alertadas contra los peligros que traen hombres desconocidos; jamás avisadas del riesgo de formar pareja con un hombre violento.
¡Por eso digo, todas somos Sandra!
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