Por
Susi Pola
Publicado en El Nacional, el martes 11 de agosto
La semana pasada en Moca fueron encontrados los cadáveres de una
niña de un año de edad y de su padrastro, ambos con signos de envenenamiento.
Yasmary María, había sido raptada por Francisco Alberto Rodríguez Bretón, de 42
años, porque la madre de la niña se negaba a retomar la relación sentimental
con él.
“El
daño que me hiciste al dejarme, lo pagará tu hija”, fue la amenaza que mediante
nota escrita dejó el asesino y suicida.
Este suceso de violencia basada en el
género contra las mujeres, no ha sido el único con violencias ampliadas y
dirigidas específicamente a los hijos e hijas, para castigar y dejar en el
dolor y la culpa permanente, a las mujeres víctimas. Todavía recordamos a
Manuel Pimentel, un dominicano residente en Puerto Rico, quien en julio de
2013, mató a su hija de 5 años con arma de fuego, y luego se suicidó, dejando
una nota en que culpaba a la madre de la niña y la sentenciaba a quedarse sola,
por haber roto la relación de ambos.
Como país, en los casi 20 años que
tenemos reconociendo estas violencias, hemos comprobado que tanto la ley como
la estructura de apoyo a las víctimas, precisan una reflexión permanente del
fenómeno mismo, para poder reaccionar de manera propositiva frente a los
diferentes escenarios y crear una verdadera línea de frente preventivo. Por
ejemplo, necesitamos una articulación especializada y oportuna entre las
instituciones que tocan la atención a estas violencias, tribunales con
experticia en el tema, capaces de reconocer los riesgos, sobre todo los de los
Niños, Niñas y Adolescentes, TNNA, que actualmente creen que un agresor puede
ser un buen padre y hasta priorizan sus derechos, muchas veces, al mismo
interés de la criatura, y por supuesto, al de las mujeres agredidas.
Necesitamos que la ley reconozca como
víctimas directas a los hijos e hijas de las mujeres que sufren violencia y en
ese sentido, que la misma ley restrinja la patria potestad a los padres que
ejercen violencia contra la mujer, habida cuenta que el componente vengativo
forma parte del cuadro de estos masculinos. También que existan en todos los
puntos de contacto y entrada al sistema de atención a las víctimas de hombres
violentos, mecanismos de valoración de riesgos para estas mujeres, sus hijos e
hijas.
Es menester invertir más en la
comprobación y prevención de la violencia machista. Tenemos un presupuesto recortado
para otras urgencias mucho menos pertinentes y obedientes a la politiquería y
el clientelismo, mientras los dominicanos violentos siguen matando mujeres,
niños y niñas.
susipola@gmail.com
