¿Quiénes atienden los casos de personas abandonadas en la calle? ¿Corresponde a la Policía? ¿A la Fiscalía? ¿Y cuando hay niños y niñas? Cansada de recorrer todas estas instancias, una amiga angustiada, hace estas preguntas.
Desde hace más de tres meses, una mujer joven con dos niños de 3 y 7 años, y una niña de 10, se instaló en el portal de su apartamento. Llega alrededor de las diez de la noche cada día, acomoda un pedazo de colcha y encima unas cuantas sábanas viejas y sucias, duerme allí con sus hijos e hija y a eso del medio día siguiente, se marcha para volver otra vez por la noche. Como esto es entre la puerta de dos apartamentos, las personas que viven en ellos tienen que pasar por arriba de la mujer, sus hijos e hija y soportar las incomodidades de una persona desbordada por la drogadicción que en ese espacio, consume drogas y convive con diferentes hombres frente a sus hijos e hija.
Mi amiga ha recurrido a la Fiscalía y a la Policía y, aunque han tratado, no han podido hacer nada, porque es una enferma, dicen. La Policía se la lleva y a las horas, vuelve insultando y amenazando. CONANI y el Tribunal de NNA recogieron a los varones, pero la niña sigue estando con su madre, expuesta al peligro de la prostitución infantil. Cuando la mujer, sin techo y abandonada a su suerte con tres criaturas, vuelve de los “arrestos”, se manifiesta de manera muy violenta especialmente contra mi amiga, a quien considera culpable por denunciarla.
En estos momentos, acaban de reforzar la seguridad del zaguán, porque al parecer, tendrán que cargar con su propia defensa y así, sin más, velar por su cuidado de cara al vacío de estrategias nacionales y municipales para enfrentar la situación de las personas que viven en la calle. Pero en este caso, la mujer sin hogar, debido a las drogas, es muy agresiva y se torna peligrosa.
Hablamos mucho de la pobreza pero pocas realidades humanas son descarnadas como la pobreza severa y miserable de quienes no tienen siquiera un lugar en donde cobijarse, un problema cuya frecuencia desconocemos pero que empíricamente, vemos en aumento.
La realidad que vive esta mujer, ha traído el desasosiego a quienes agrede, manteniendo en riesgo permanente a sus menores, sin que hasta la fecha nadie pueda resolver la situación. Es desidia del Estado y el Ministerio de Salud Pública, es abulia de las autoridades municipales, es un lavarse las manos.
En otros países, existe refugio mínimo para estos casos y autoridades que protegen y hacen la diferencia.
susipola@gmail.com
Corrupción y mujeres
Como dijo este año el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, Ban Ki-Moon, la corrupción malogra las oportunidades, crea desigualdades flagrantes, socava los derechos humanos y la buena gobernanza, frena el crecimiento económico y distorsiona los mercados.
El domingo pasado fue el Día Internacional Contra la Corrupción, establecido por la Asamblea General de la ONU en el 2003, para llamar la atención a la cantidad de recursos públicos malversados y robados con sus consecuencias para la salud, educación, vivienda y demás necesidades fundamentales de las personas.
En la República Dominicana, ubicada entre los países donde hay más corrupción, nos arropa con consecuencias negativas que comprometen la vida de la ciudadanía, un costo que ya el país se ha cansado de pagar. De la región de Latinoamérica y el Caribe, nos ubicamos entre los 15 países con mayor corrupción.
Las secuelas de la corrupción son desproporcionadamente negativas para mujeres y niñas, porque comprometen seriamente su acceso a centros educativos y clínicas de calidad, su propio empoderamiento social y económico e incluso las perspectivas para el país de crecimiento, igualdad de género y equidad en general.
Las investigaciones sociales aseguran que las mujeres somos las más afectadas por los resultados de la corrupción, debido a la brecha de desigualdad existente entre los hombres y las mujeres, en detrimento de estas últimas, especialmente en países en vías de desarrollo como el nuestro, donde la brecha de género tiene una tasa en rango 73 entre 134 países, y un valor de desigualdad debajo de uno, 0.6774, de acuerdo al índice del Sistema de Integración Centroamericana, SICA, para mayo de 2011.
Como dijo este año el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, Ban Ki-Moon, la corrupción malogra las oportunidades, crea desigualdades flagrantes, socava los derechos humanos y la buena gobernanza, frena el crecimiento económico y distorsiona los mercados. Además, dice Ki-Moon, agudiza los problemas ambientales, a causa del vertimiento ilegal de residuos peligrosos y el comercio ilegal de la fauna y la flora facilitados por el soborno y los incentivos encubiertos que determinan a quién se han de adjudicar los contratos, en particular cuando se trata de proyectos de infraestructura a gran escala sumamente lucrativos.
Cuando existe corrupción en la prestación de servicios básicos, todos los sectores sufren y los efectos pueden continuar manifestándose generación tras generación, pero las mujeres y las niñas soportamos en mayor medida por: la dificultad que tenemos para acceder a los recursos; somos las principales usuarias de los servicios públicos; tenemos menos voz y participación político social y estamos menos implicadas en funciones públicas y administrativas relacionadas con la prestación de servicios clave tales como agua, salud, saneamiento y escolarización; quedamos al margen de la toma de decisiones y finalmente, nuestros derechos no gozan de la protección adecuada.
La corrupción profundiza la pobreza, ¡y la feminiza!
susipola@gmail.com
El domingo pasado fue el Día Internacional Contra la Corrupción, establecido por la Asamblea General de la ONU en el 2003, para llamar la atención a la cantidad de recursos públicos malversados y robados con sus consecuencias para la salud, educación, vivienda y demás necesidades fundamentales de las personas.
En la República Dominicana, ubicada entre los países donde hay más corrupción, nos arropa con consecuencias negativas que comprometen la vida de la ciudadanía, un costo que ya el país se ha cansado de pagar. De la región de Latinoamérica y el Caribe, nos ubicamos entre los 15 países con mayor corrupción.
Las secuelas de la corrupción son desproporcionadamente negativas para mujeres y niñas, porque comprometen seriamente su acceso a centros educativos y clínicas de calidad, su propio empoderamiento social y económico e incluso las perspectivas para el país de crecimiento, igualdad de género y equidad en general.
Las investigaciones sociales aseguran que las mujeres somos las más afectadas por los resultados de la corrupción, debido a la brecha de desigualdad existente entre los hombres y las mujeres, en detrimento de estas últimas, especialmente en países en vías de desarrollo como el nuestro, donde la brecha de género tiene una tasa en rango 73 entre 134 países, y un valor de desigualdad debajo de uno, 0.6774, de acuerdo al índice del Sistema de Integración Centroamericana, SICA, para mayo de 2011.
Como dijo este año el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, Ban Ki-Moon, la corrupción malogra las oportunidades, crea desigualdades flagrantes, socava los derechos humanos y la buena gobernanza, frena el crecimiento económico y distorsiona los mercados. Además, dice Ki-Moon, agudiza los problemas ambientales, a causa del vertimiento ilegal de residuos peligrosos y el comercio ilegal de la fauna y la flora facilitados por el soborno y los incentivos encubiertos que determinan a quién se han de adjudicar los contratos, en particular cuando se trata de proyectos de infraestructura a gran escala sumamente lucrativos.
Cuando existe corrupción en la prestación de servicios básicos, todos los sectores sufren y los efectos pueden continuar manifestándose generación tras generación, pero las mujeres y las niñas soportamos en mayor medida por: la dificultad que tenemos para acceder a los recursos; somos las principales usuarias de los servicios públicos; tenemos menos voz y participación político social y estamos menos implicadas en funciones públicas y administrativas relacionadas con la prestación de servicios clave tales como agua, salud, saneamiento y escolarización; quedamos al margen de la toma de decisiones y finalmente, nuestros derechos no gozan de la protección adecuada.
La corrupción profundiza la pobreza, ¡y la feminiza!
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Círculo de Mujeres con Discapacidad
esde 1982, cada 3 de diciembre es Día Internacional de Personas con Discapacidad, para informar y movilizar el apoyo a la dignidad, los derechos y el bienestar de las personas discapacitadas, alrededor del 15% de la población mundial, cifra en aumento por las catástrofes naturales.
Entre estas personas, las mujeres son las más vulnerables a la violencia basada en el género y a otras discriminaciones que se suman por el solo hecho de ser mujeres, amenaza que aumenta si la discapacidad es mental. Las que enfrentan una discapacidad motora, además de las barreras arquitectónicas de nuestras ciudades inclusivas, también ven disminuido su acceso a una vida normal por todo tipo de brechas de género que se les presentan.
En nuestro país, existe el Círculo de Mujeres con Discapacidad, CIMUDIS, fundado por Brunilda Amaral, Cristina Francisco e Hindia Matos el 28 de marzo de 1998, para promover el liderazgo, la participación e igualdad a favor de las mujeres con alguna discapacidad, alcanzando reconocimiento a nivel nacional e internacional por su ejemplar actuación a favor de los derechos de las mujeres en estas condiciones.
El CIMUDIS es la primera ONG dominicana con organismos de dirección, como un Consejo Permanente, para velar por la correcta marcha de esta entidad; una Junta Directiva en el Distrito Nacional y Directivas Regionales en cada uno de sus núcleos, que se encargan de agrupar a mujeres con diferentes discapacidades (sordas, ciegas y con discapacidad motora). De esta manera integran la diversidad y el esfuerzo colectivo para el logro de objetivos de este sector.
Está conformado por más de 450 socias organizadas en el Distrito Nacional, 14 núcleos regionales activos y dos comités gestores, localizados en Jarabacoa, Bonao, San Francisco de Macorís Puerto Plata, San Pedro de Macorís, La Romana, Hato Mayor, Samaná, San José de Ocoa, San Cristóbal, Las Matas de Farfán, Azua, Sabana Grande de Boya, La Vega y Sabana del Puerto.
Las mujeres del CIMUDIS son fuertes, emprendedoras y aportan al país con el ejercicio de una ciudadanía comprometida, como sus fundadoras. Todo el país recuerda a Brunilda Amaral, una de ellas, quien a causa de las lesiones recibidas el 9 de febrero de 1966, cuando en la protesta de estudiantes secundarios/as y universitarios/as por el reconocimiento de las autoridades de la UASD, la entrega del subsidio a ese centro de estudios y la desocupación de los liceos por las tropas norteamericanas, sufrió lesiones que la llevaron a permanecer en una silla de ruedas.
Como Brunilda, las mujeres del CIMUDIS, son ejemplo de las dominicanas, bravas, valerosas e intrépidas, no se rinden frente a un detalle que, en lugar de disminuirlas, las engrandece.
susipola@gmail.com
Entre estas personas, las mujeres son las más vulnerables a la violencia basada en el género y a otras discriminaciones que se suman por el solo hecho de ser mujeres, amenaza que aumenta si la discapacidad es mental. Las que enfrentan una discapacidad motora, además de las barreras arquitectónicas de nuestras ciudades inclusivas, también ven disminuido su acceso a una vida normal por todo tipo de brechas de género que se les presentan.
En nuestro país, existe el Círculo de Mujeres con Discapacidad, CIMUDIS, fundado por Brunilda Amaral, Cristina Francisco e Hindia Matos el 28 de marzo de 1998, para promover el liderazgo, la participación e igualdad a favor de las mujeres con alguna discapacidad, alcanzando reconocimiento a nivel nacional e internacional por su ejemplar actuación a favor de los derechos de las mujeres en estas condiciones.
El CIMUDIS es la primera ONG dominicana con organismos de dirección, como un Consejo Permanente, para velar por la correcta marcha de esta entidad; una Junta Directiva en el Distrito Nacional y Directivas Regionales en cada uno de sus núcleos, que se encargan de agrupar a mujeres con diferentes discapacidades (sordas, ciegas y con discapacidad motora). De esta manera integran la diversidad y el esfuerzo colectivo para el logro de objetivos de este sector.
Está conformado por más de 450 socias organizadas en el Distrito Nacional, 14 núcleos regionales activos y dos comités gestores, localizados en Jarabacoa, Bonao, San Francisco de Macorís Puerto Plata, San Pedro de Macorís, La Romana, Hato Mayor, Samaná, San José de Ocoa, San Cristóbal, Las Matas de Farfán, Azua, Sabana Grande de Boya, La Vega y Sabana del Puerto.
Las mujeres del CIMUDIS son fuertes, emprendedoras y aportan al país con el ejercicio de una ciudadanía comprometida, como sus fundadoras. Todo el país recuerda a Brunilda Amaral, una de ellas, quien a causa de las lesiones recibidas el 9 de febrero de 1966, cuando en la protesta de estudiantes secundarios/as y universitarios/as por el reconocimiento de las autoridades de la UASD, la entrega del subsidio a ese centro de estudios y la desocupación de los liceos por las tropas norteamericanas, sufrió lesiones que la llevaron a permanecer en una silla de ruedas.
Como Brunilda, las mujeres del CIMUDIS, son ejemplo de las dominicanas, bravas, valerosas e intrépidas, no se rinden frente a un detalle que, en lugar de disminuirlas, las engrandece.
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