Martes
3 de agosto, publicado en El Nacional
El proyecto de ley de armas sometido a
la Cámara de Diputados y Diputadas, sometido por Ito Bisonó, nos sorprende y
nos conmueve, en momentos en que la violencia delincuencial se acrecienta
revelándonos que la población está más armada de la cuenta. El alto porcentaje
de crímenes por arma de fuego, lo demuestra.
Para quienes estamos alerta a las
causas y consecuencias de la violencia basada en el género contra las mujeres,
es inadmisible que el proyecto de marras mantenga un enfoque tan ciego al
género que ignore la media de 200 dominicanas al año, asesinadas por ser
mujeres, la mayoría con armas de fuego, por un buen porcentaje de portadores
legales de ellas.
En realidad, lo bueno de pensar es que
existieran legisladores y legisladoras que propusieran leyes de desarme total
de la población civil, lo que evitaría muertes ciudadanas y entre ellas, un
buen número de mujeres que sufren maltrato y violencia, que terminan siempre
trágicamente.
La propuesto de ley de armas, además,
no diferencia bien el porte y la tenencia, ni establece limitaciones para ambas
categorías, cuando debería restringir el uso en personas con historial, al
menos registrado, de masculinos violentos contra las mujeres, porque sabido es
y demostrado está, que con un arma, un agresor resuelve matando a mujeres y
también, a menores a cargo para castigarlas.
Además, permitiría carabinas y fusiles
desde el calibre 0.117 para uso civil, y teniendo en cuenta que dentro de esta
categoría entran los fusiles tipo M-16 y AKA-47, considerados armas de guerra
para uso exclusivo de ejércitos, entrarían a los hogares sofisticados
armamentos que aumentarían el riesgo de muchos entornos familiares.
En último caso, el proyecto de ley, debiera mantener una perspectiva de
desarme transversal en su extensión, determinando que el propio Estado asuma la
responsabilidad de incluir en sus acciones y políticas, al menos dos campañas
de desarme por año, que desmotiven el uso de armas de fuego.
Tenemos una cultura machista y violenta, en la que tener un arma, es el
sueño de todo varón desde que empieza a crecer y de hecho, son muchos los que,
lo primero que consiguen en cuanto tienen dinero, es un arma que suelen exhibir
con orgullo de ¨verdadero hombre¨ y con la que resuelven cualquier contienda,
del tipo que sea.
Frente a una ciudadanía asustada como la que vivimos hoy en nuestro
país, por la acelerada carrera de la descomposición que tenemos, lo que menos
necesitamos es una población armada -aún como ya estamos peligrosa- que
responda a cualquier impasse a balazos.
susipola@gmail.com

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