Artículos sobre piropos

Piropos que matan

Por Susi Pola

(Publicado en El Nacional el martes 22 de julio de 1999)

Entre las cosas que se nos hacen creer a mujeres y hombres en esta cultura patriarcal que nos gastamos, la del valor  “supremo” del piropo es una de las más preconizadas, razón por la cual, a lo largo de su vida los hombres repetirán gestos, palabras y acciones que resalten sobre todo la figura de las mujeres, en los momentos y situaciones que a ellos se les dé la gana porque, al final, piropear se refiere a conquistar para el criterio común, vulgar y de gran ignorancia.

(En estos momentos, puedo imaginarme las sonrisas socarronas y autosuficientes de algunos al leer estas ideas y, en nombre de mi confeso feminismo, empiezan ya juzgar el artículo todo, de ante mano y con firmeza, como fanático, radical y extremista; después de todo, dirán, ¡A quién no le gusta un piropo!)

Bueno, ¡A mí! Y estoy segura de que no soy la única que rechaza esa considerada práctica “varonil”, unilateralmente decidida, irrespetuosa e invasora de los más serios sentimientos femeninos, es más, tengo la certeza de que la mayoría de las mujeres nos sentimos alteradas por la intromisión repentina, siempre inadecuada, del piropo que cualquier hombre desconocido y envalentonado por el mensaje cultural de dominio sobre nosotras, nos dispara a su antojo.

La herencia del “dominus” establecido por Roma, ha trascendido épocas, espacios y tiempos completos y se asienta en un presente, a veces medieval, a veces, moderno y en ocasiones postmoderno, a base de voluntad y perseverancia, más de los hombres “organizados” con los propósitos pertinentes, que la de otros individualizados para la reflexión y el cambio.

Claro que, viviendo como estamos en una coyuntura llamada de institucionalización, habrá que tener en cuenta desde el propio Estado, los daños capaces del piropo como expresión de dominio y de violencia de género. Y si Ud. cree  exagerada la valoración,  le remito al caso de Santiago, al que me niego llamar “incidente”, en el que una joven mujer perdió la vida a causa de un “piropo”.

¿Qué justificación le dará el sistema al tal Papito, prófugo mil veces protegido, quien se atrevió a pellizcarle los  “glúteos” a María Elena Rodríguez? No será muy grande el problema, porque no hay cosa que convenza más fácilmente al aparato operativo de la justicia que la “provocación” de una joven en pantalones o minifalda, así como el argumento de “los tragos que lo pusieron loco”, debilidades del  elemento político (actitudes) del Poder Judicial, que nunca fallan para el favor de los agresores…

Lo que no será tan fácil de asimilar es la reacción criminal del piropeador quien, abofeteado por María Elena y herido en su orgullo de macho, decidiera apuñalarla y, como consecuencia, matarla, porque no sé a Uds., pero a mi sí me ha impresionado esta nueva lección del sexismo local, gráfica y contundente: “m´hija si algún mal nacido la toquetea, quédese dada, porque le puede costar caro, por  consiguiente, aguántese todo”.

Y ahora, como no se puede alegar “pleito de pareja”, ¿Cómo nos vamos a disponer anímica y estratégicamente para asimilar esta otra manera de matar mujeres? ¿Todavía sigue Ud. pensando qué las feministas exageramos? ¿Le parece intrascendente el tema del piropo y sus nefastas consecuencias? En fin, solamente quería decirles lo poco inocente del método.

Y como corolario, se me ocurre comentarles acerca de la irresponsabilidad de la emergencia médica del Hospital al que fue llevada María Elena, herida en el cuerpo y en el espíritu: hasta me atrevo a imaginar como quienes la atendieron, cosiendo con superficialidad las heridas y sin determinar la posibilidad de vísceras cortadas,  al darle de alta, hasta festejaron la ironía del suceso, inventando toda clase de bromas.

Mientras tanto, la seriedad de las consecuencias del piropo de Papito, llegaron tan lejos que acabaron con los sueños de María Elena, y por extensión, con los míos y con los de todas . ¿Es esto justo?

El concurso de piropos

Por Susi Pola

(Publicado en El Nacional, el martes 17 de febrero 2008)

 Hace algún tiempo, una joven estudiante estadounidense de un programa de intercambio, me preguntaba si las dominicanas sentíamos que fuera violencia los continuos "piropos" con que los hombres abordan a las mujeres en la calle y sitios públicos, o si eso era algo "normal" en esta cultura, refiriéndome que cuando se quejó por esto en el grupo de su clase, le dijeron que las dominicanas reciben los "piropos" como un halago y no como un acoso. En aquel momento, ella y yo, comentábamos acerca de cómo la naturalización de la desigualdad de las mujeres, no nos deja reconocer las violencias de género más sutiles, que terminan tupiendo el entramado de las grandes y aparatosas violencias.

Que los piropos son otra expresión, invisible y silenciosa, de la violencia cotidiana que vivimos las mujeres en las calles y los espacios en general, es conocido no solo en muchos países, sino también por varias legislaciones que incorporan la figura al acoso sexual cuando se expresan en este sentido. Sin embargo, en nuestro país son las mismas autoridades las que no se dan por enteradas y alegando el rescate de las tradiciones dominicanas,  “esas prácticas que el pueblo venía realizando por años y que en los últimos tiempos se habían olvidado”, proceden sin ninguna teoría, a reciclar y fortalecer los mitos culturales discriminadores.

El país tiene un enfoque formal de la violencia basada en el género, que se fundamenta en el respeto a los derechos humanos, establecido en el Plan Nacional de Equidad de Género, y la supervisión de su funcionamiento pertenece a la Secretaría de Estado de la Mujer, SEM, que de acuerdo a su misión, es la encargada de regir y dar seguimiento a la implementación de políticas públicas para lograr la equidad, igualdad de derechos y ciudadanía plenas de las mujeres, mediante la integración de la perspectiva de género en el quehacer estatal, la sensibilización y cambio de valores de la sociedad y la articulación con organizaciones nacionales e internacionales. Por lo tanto, cualquier otro ministerio del Estado Dominicano, debería coordinar con la SEM antes, durante y después de establecer programas y/o acciones que afecten directamente a las mujeres, a fin de mantener solo aquellos capaces de prevenir las violencias y sobre todo, los que no las promuevan, como es el caso del piropo que además de reciclar la cosificación del cuerpo y atributos femeninos, se usa para consolidar la masculinidad de quien lo dice y mantener la tradición de que las mujeres están ahí para alegrarle la vida a los hombres, algo que además, debe agradecerles.

Es que, las violencia de género, intrafamiliares y/o sexuales, deben preocupar a todas las Secretarías de Estado e instituciones dependientes del poder dominicano porque muchas terminan con consecuencias terribles para el entorno familiar inmediato y para toda la sociedad que se conturba y empequeñece. Hasta el viernes pasado, diecisiete dominicanas han sido asesinadas por masculinos violentos de su cercanía -19 si contamos las dos dominicanas ultimadas por sus parejas en España- y como si fuera poco, también una mujer empoderada de acuerdo a la lógica machista, mató a su compañero y huyó después dejando atrás el cuadro de dolor que estas acciones conllevan.  Lo más preocupante son los escenarios en que estos feminicidios se perpetraron, variados y entrelazados, demuestran una escalada de ensañamiento que no debuta con el asesinato, sino que se conforman y se fortalecen en un continuum lleno de micro violencias normalizadas, aceptadas y desapercibidas por la cultura reivindicada, como es el caso del concurso de piropos.

Quizá en Interior y Policía, no sabe que entre las 19 muertas de estos dos meses, hay dos menores de edad, de 12 y 16 años, que fueron brutalmente asesinadas por un novio de 30 años y un concubino, respectivamente, como si a esas edades, relaciones así fueran posibles. Puede ser que tampoco sepa, que un comunicador aplastó la cabeza de su esposa hasta deshacérsela. O que a dos de las muertas, sus ex compañeros las quemaron vivas por no querer volver con ellos. O que a otra, el concubino la mató con su vehículo. O que cuatro de los feminicidas se suicidaron después de matarlas.

Por favor, señores funcionarios con esto, no inventen. Más de doscientas dominicanas asesinadas cada año por el solo hecho de ser mujeres, es demasiado

Otro febrero de piropos y violencia!

Por Susi Pola

(Publicado en El Nacional, martes 17 febrero 2009)

La manía machista de conmemorar el 14 de febrero, inventado del amor –sin mayúscula- para la venta también de mujeres, se recicla otra vez este año y como el pasado, tendrá concurso de piropos. Qué pena y que imagen grotesca de negación y resistencia por los lados de Interior y Policía a mejores estrategias para el desmonte de la violencia! Y eso que, sus propias estadísticas señalaron que la violencia es masculina, dato más que suficiente para que la campaña del febrero amoroso fuera dirigida a mermar las presiones machistas y criminales.

Qué manía la de promover los piropos y más grande aún, hacerlo en febrero, un mes de poco relajo, en términos patrióticos y religiosos, en el que se pueden ubicar otras reflexiones más inclusivas y reverentes! Y otra vez se olvidaron de consultar la medida con la Secretaría de Estado de la Mujer que, por cierto, debía de intervenir en estas “aloqueteadas” acciones para impedir que se exalte el libre manoseo de nuestra dignidad ciudadana.

El país tiene un enfoque formal de la violencia basada en el género, que se fundamenta en el respeto a los derechos humanos, establecido en el Plan Nacional de Equidad de Género, PLANEG II, y la supervisión de su funcionamiento pertenece a la Secretaría de Estado de la Mujer, SEM, que de acuerdo a su misión, es la encargada de regir y dar seguimiento a la implementación de políticas públicas para lograr la equidad, igualdad de derechos y ciudadanía plenas de las mujeres, mediante la integración de la perspectiva de género en el quehacer estatal, la sensibilización y cambio de valores de la sociedad y la articulación con organizaciones nacionales e internacionales. Por lo tanto, como decía la Catedrática de Historia de la Educación de las Mujeres, de la Facultad de Ciencias de la Educación, de la Universidad de Sevilla, en ocasión de su visita al país a finales del año pasado, los países que como la R. Dominicana, que cuentan con una Secretaría de la Mujer, disponen de un instrumento inmejorable para articular y proponer políticas de intervención en cada una de las demás Secretarías.

Sepan que en la R. Dominicana, donde las violencias sociales en general y las de género en particular, arrebatan, promover los piropos es un arma de doble filo, por la “naturalización” de violencias sutiles, que no nos deja a las mujeres ni siquiera reconocerlas y terminan tupiendo el entramado de las grandes y aparatosas violencias, como el feminicidio.

Como para la dirección de Interior y Policía, la difusión de las estadísticas son claves para la comprensión del problema y para el diseño de políticas y estrategias a seguir, como manifestara en la entrevista otorgada a la revista Quehaceres de noviembre de 2008, recordamos algunas de ellas, de la propia investigación de esa cartera, que señalan perfectamente la tríada de la violencia masculina: el 92% de los ejecutores de homicidios violentos, son hombres; el cien por ciento de los feminicidios, son cometidos también por hombres; y los suicidios también están encabezados por hombres.

Además, llama la atención de cualquiera, el doloroso dato de que, en los primeros 40 días de este año 2009, hayan sido asesinadas por razones de género, 34 dominicanas, sucumbiendo a masculinos violentos de su cercanía, mujeres que vivieron maltratadas hasta morir a manos de sus piropeadores!

Es verdad que todo depende de lo que se diga, del tono con el que se diga y quién lo diga, pero la sutil línea que separa el halago de una lisonja inocente, de un requiebro ofensivo, cuando se deja al antojo de quien sea, hacen del piropo una  violencia invisible, un atentado, muchas veces cotidiano, contra la dignidad de la mujer.

Las dominicanas necesitamos que todas las autoridades se coordinen en acciones que fortalezcan la igualdad y la equidad, sin manipularnos con ideas dicotómicas y de doble moral, a través de prácticas que profundizan nuestra subordinación!

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